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Discussing Autism and Vaccines with Dr. Chris Smith

Vaccines and Autism at SARRC

How did the vaccine controversy happen?

In 1998, the peer-reviewed journal, The Lancet, published a study about a specific gastrointestinal disorder in 12 British children, and the lead researcher, Andrew Wakefield, linked the vaccine that protects children against the measles, mumps, and rubella (MMR) with autism. He noted that a few children in the study had the MMR vaccine before they were diagnosed with autism. That study received international media attention and fueled the antivaccine movement. Since then, numerous well-designed, scientific studies have investigated the potential link from many different angles, some were very large epidemiological studies, and none have found any evidence to support a link between autism and vaccines. In 2010, The Lancet retracted the article because the procedures and ethical conduct of the study were considered questionable. Wakefield continues to lead the anti-vaccine movement, despite his medical license being revoked in 2010 in the U.K.

What does the research indicate?

First, researchers conducted large-scale population-based studies to examine rates of autism before and after specific countries began using the MMR vaccine. No significant differences in rates of autism were found. Next, the mercury-based preservative thimerosal was thought to be the culprit, but that was removed from vaccines, and the rates of autism continued to rise. It was also suggested that too many vaccines overload children’s immune systems, so the MMR vaccine was split up, and still, there was no change in autism rates. There has also been a concern that children are given too many vaccines altogether, which some believe may trigger autism. In the early 1900s, children received only one vaccine for smallpox. Today, children receive vaccines to prevent 14 different diseases and can receive as many as 26 inoculations early in life. However, most of the immunological challenges from today’s 14 vaccines are less than the challenge from that one vaccine given 100+ years ago. The smallpox vaccine contained about 200 viral proteins. The viral proteins contained in the 14 vaccines given today add up to about 150. In other words, all our vaccines combined today are less challenging to a child’s system than the one vaccine a century ago. So, the number of vaccines is not causing autism either. We have learned a great deal about autism since 1998, particularly about early warning signs, brain growth and genetics. Studies indicate that behavior signs, like reduced eye contact and social engagement, can be observed in the first year of life. Studies of brain development provide evidence that disrupted cell development is associated with autism, and some evidence indicates that it begins in utero. And genetics is revealing new information regularly that is indicating a firm genetic link. 

What is SARRC’s message on vaccines?

At SARRC, we believe the ultimate decision to vaccinate a child is a personal choice. If asked, we would recommend vaccinations because dozens of reputable scientific studies have failed to show a link between vaccines and autism, while numerous other studies demonstrate that the risks from the diseases the vaccines are meant to prevent are dangerous to a child’s health and well-being. Our research focuses on early identification of autism because it leads to early intensive intervention, which is the most important support we can provide for a child diagnosed with autism at this time. Learn more at autismcenter.org/vaccines.

Discutiendo el Autismo y las Vacunas

¿Cómo empezó la controversia de las vacunas?

En 1998, el diario revisado por colegas, The Lancet, publicó un estudio sobre un desorden gastrointestinal específico en 12 niños británicos, y el investigador principal, Andrew Wakefield, vinculó a la vacuna que protege a los niños de paperas, sarampión y rubiola (MMR) con el autismo. Él notó que algunos niños en el estudio recibieron la vacuna de MMR antes de recibir el diagnostico de autismo. El estudio recibió atención internacional y alimentó el movimiento anti-vacunas. Desde entonces, numerosos estudios diseñados correctamente, han investigado el potencial vínculo desde diferentes ángulos, algunos siendo estudios de gran escala epidemiológica, y ninguno ha encontrado evidencia para apoyar el vínculo entre el autismo y las vacunas. En el 2010, el diario The Lancet retractó el articulo ya que los procedimientos y conductas éticas del estudio fueron considerados cuestionables. Wakefield continúa liderando el movimiento antivacunas a pesar de que su licencia fue revocada en el 2010 en el Reino Unido (UK). 

¿Qué indican las investigaciones?

Primero, investigadores condujeron estudios de alta escala para examinar las cifras del autismo antes y después de que países específicos empezaron a usar la vacuna MMR. No se consiguieron diferencias en las cifras del autismo. Después, se pensó que el preservativo timerosal era el culpable, pero éste fue removido de las vacunas, y las cifras de autismo continuaron aumentando. También fue sugerido que muchas vacunas sobrecargan el sistema inmunológico de los niños, así que la vacuna MMR fue separada, y todavía, no hubo cambios en las cifras del autismo. También ha habido una preocupación de que se le dan muchas vacunas juntas a los niños, cosa que algunos piensan desencadena el autismo. En los 1900s, los niños recibían solo una vacuna para la varicela. Hoy los niños reciben vacunas para prevenir 14 enfermedades diferentes y pueden recibir alrededor de 26 vacunas temprano en su vida. Sin embargo, la mayoría de los retos inmunológicos de las 14 vacunas son menos que los retos de una vacuna dada hace 100+ años. La vacuna de la viruela contenía alrededor de 200 proteínas virales. Las proteínas virales en las 14 vacunas dadas hoy suman alrededor de 150 proteínas. En otras palabras, todas las vacunas de hoy combinadas son menos problemáticas para el sistema del niño que una sola vacuna hace un siglo. Así que el número de vacunas no está causando el autismo tampoco. Hemos aprendido mucho sobre el autismo desde 1998, particularmente sobre las señales tempranas, crecimiento del cerebro y genética. Estudios indican que las señas conductuales, como reducido contacto visual y participación social, pueden ser observados en el primer año de vida. Estudios sobre el desarrollo del cerebro proporcionan evidencia que la disrupción del desarrollo de las células está asociada al autismo, y alguna evidencia indica que esto empieza en el útero. Y la genética está revelando nueva información regularmente que indica una conexión genética clara. 

¿Cuál es el mensaje de SARRC sobre las vacunas? 

En SARRC, creemos que la decisión final de vacunar al niño es una opción personal. Si nos preguntan, nosotros recomendaríamos la vacunación ya que docenas de estudios científicos de alta reputación han fallado en demostrar la conexión entre las vacunas y el autismo mientras otros numerosos estudios prueban que los riesgos a la salud y bienestar del niño son mayores sin vacunas. Nuestra investigación se enfoca en la identificación temprana del autismo porque esto lleva a la intervención temprana intensiva, que es el apoyo más importante que se le puede dar a un niño con el diagnóstico de autismo en este momento.

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